El transporte internacional de hortalizas, del invernadero a la alhóndiga

Ha pasado ya algún tiempo desde la primera entrada de este maravilloso blog, exactamente 5 minutos.
Hoy toca la segunda entrada, podríamos dedicar la tarde a hacer algo más productivo pero no, la vamos a pasar haciendo entradas en un blog chorra e inútil que nadie va a leer y que va a quedar pronto abandonado, más concretamente, en un rato. Allá vamos con la siguiente.

Para que las verduras lleguen a vuestra mesa, hay que seguir una serie de pasos que vamos a resumir aquí muy escuetamente, a ver si encontramos pronto la liberación a este suplicio.

El primer paso es que el agricultor vaya al almacén a comprar la semillla, en nuestro caso va a ser de...pues claro... calabacín! 
Dice mi vecino Eustaquio que no me permite hacerle fotos comprando ni sembrando ni ná, que no sé qué de la ley de protección de datos y que si no le pago royaltie no presta su cara para nada, ni con fines educativos siquiera, jodido Eustaquio...
Así que pasamos directamente a la semilla ya plantada, nacida y crecida. 






Después de pasar toda la mañana cortando calabacines, los empaqueta en cajas y me vecino los lleva al almacén, llamado alhóndiga, donde se subastan. Una persona llamada comprador elegirá a qué precio llevárselos para su empresa y ésta los venderá a cualquier distribuidor europeo. Como imaginaréis, cada intermediario va añadiendo su margen de beneficio, que por cierto, se llama de beneficio, no de pérdidas, aquí el único que puede perder es Eustaquio, que ha sembrado, recolectado y vendido barato. Los otros ganarán más o ganarán menos, si no ganan no compran, pero casualidades de la vida, siempre compran, más barato o más caro, pero se lo llevan para casa (al almacén comercializador que los venderá a Europa).
Después de la subasta, cuando mi vecino ya los haya vendido, en la aplicación del móvil verá el precio, si no está contento llorará, y si no está de acuerdo se quejará, pero dará igual, van a seguir comprándoselos a 20 céntimos, los mercados son así.
Cuando el señor comprador se ha hecho en la subasta con las hortalizas que le ha interesado porque son las que su empresa tiene pensado vender, se va para el bar con su mercedes o audi todoterreno, porque es hora de almorzar. Las hortalizas llegarán en camiones a su empresa y allí las mujeres las envasarán. Sí, mujeres, los hombres descargan las cajas y las mujeres envasan. Bienvenidos a 2020 y la no discriminación. Veamos a las envasadoras en acción. 


Éstas mujerse son las envasadoras, a 6 euros brutos la hora y tantas horas como trabajo haya, que no hay trabajo, para casa, que sí hay trabajo, a envasar. Que hablan unas con otras, un par de gritos de la jefa, la música más alta y a callar, que a la empresa se va a trabajar, no a cuchichear. Las cajas del inverandero son las grandes, ellas envasan en cajas de cartón que son las que encontramos en los supermercados europeos de venta al público. Fijáos, la foto es de antes del Covid, ya guardaban la distancia de seguridad, y no os creáis que eso es fácil, en algunos de estos almacenes trabajan 300 envasadoras a la vez.
Todas esas cajas de cartón se montan en palets y al camión.
Si paso a la siguiente entrada, ya tendría tres de cinco... pasemos a la siguiente...








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